“UNA HISTORIA DE ESPAÑA”, DE ARTURO PÉREZ-REVERTE

Ebook UNA HISTORIA DE ESPAÑA EBOOK de ARTURO PEREZ REVERTE | Casa del LibroReseñar esta obra es cosa fácil para quien entienda algo de Historia y más aún para quien, como es mi caso, sigue de cerca la obra de este controvertido personaje. Pero, desde luego, entiendo que no es nada fácil comenzar a leerla con la mente desprejuiciada para intentar sacar lo que el autor nos reserva en ella.

Antes que nada, hay que decir algunas cosas que conviene tener presentes. La primera es que Arturo Pérez-Reverte (en lo sucesivo, AP-R) no es historiador, ni profesional, ni aficionado. La segunda es que esta obra es la conjunción de 91 capítulos que fueron saliendo con regular periodicidad en el suplemento dominical de mayor tirada de España (XL Semanal), a lo largo de cuatro años largos (2013-17). La tercera, que en sus artículos utiliza un lenguaje que pasa de los registros cultos a la más barriobajera jerga lumpen, incluyendo los más impactantes tacos, sin problema ninguno. La cuarta tiene que ver con la intencionalidad de este autor, que es tocarle la moral a pacatos, meapilas, ultramontanos, contradictorios, trepas y corruptos varios. La quinta y última, se refiere al artículo indeterminado que intitula el volumen: “Una”. Todo ello tiene sus correspondientes consecuencias.

Por un lado, AP-R es un ex-reportero de guerra, reputado corresponsal, influyente periodista y en los últimos años novelista de éxito que, además, es un apasionado de la Historia, de la que sabe mucho, por sus abundantes lecturas. Ello no le capacita para realizar una obra que pase a los anales de la historiografía, pero sí para redactar lo que le salga del bolo, y, amparándose en los miles de seguidores que se beben sus escritos, sentar su cátedra. Que, casualmente, me parece más valiosa que la de muchos tertulianos de tres al cuarto que no se han leído ni la centésima parte que este autor, y que a veces lo critican sólo por su contundencia en el decir y en su intolerancia hacia la estupidez habitual en varios de ese colectivo.

Por otro, el hecho de que el origen de esta Historia esté en la prensa escrita le da al texto un tono más desenfadado, más coloquial, mucho menos plúmbeo que lo que puede dar de sí un volumen de los llamados “serios”. Además, según él mismo ha confesado, en la empresa que publica el suplemento nunca le han puesto traba alguna a como él se expresa, por lo que sus habituales cagamentos, giros soeces, jergas mezcladas y tacos omnipresentes se pueden apreciar también en el volumen que nos ocupa, sin haber sido censurados o edulcorados para la edición en libro. Lo que ofrece un curioso contraste con su exquisita forma de expresarse, cuando procede (no olvidemos que AP-R es miembro de la Real Academia de la Lengua Española)

La obra, además, resulta polémica, no sólo por el lenguaje que AP-R utiliza, por el aparente tono de colegueo de barra con que se dirige al lector, o por la selección temática que cualquier libro de historia ha de realizar inevitablemente. Resulta polémica e insultante, porque pretende ofender a quienes él considera que son los culpables de que este país haya desarrollado la trayectoria atrasada y guerracivilista que ha tenido y que hayamos llegado tarde a donde estamos, y del modo en que estamos.

Por último, AP-R, hábilmente, ha colocado ese artículo indeterminado (“una”) al inicio del título, para dar a entender que no se trata de una obra canónica, ni la de un profesional de la materia, sino “una” historia más, la suya, la que le ha salido a él de su magín, de sus lecturas, de su particular modo de enfocar la vida y de su personalísima mala leche.

Dicho esto, y pasando ya a analizar su obra, hay que decir que sus páginas resultan necesariamente incompletas, pero suficientemente abarcadoras de lo que es una trayectoria bien dilatada como es nuestra historia. Como es lógico, unas partes están más desarrolladas que otras (las iniciales son despachadas con mucha mayor rapidez que las de la época moderna y contemporánea), y hay algún episodio -caro a sus intereses- que sobraría claramente (como el 86, por ejemplo), y otros que se echan a faltar, sobre la importancia del Camino de Santiago o alguno más referido a la América hispana. Pero en general, el libro está relativamente bien compensado en sus 250 páginas.

En Una historia de España la objetividad historiográfica no existe, y él no duda en tomar partido a favor de unos contra otros. Porque en nuestro decurso histórico hay malos, claramente, y no se corta en señalarlos con el dedo. La Iglesia Católica, rémora inmovilista y trincona, el Ejército de la época contemporánea, interventor en política, desvirtuándola y corrompiéndola, los reyes indolentes o estúpidos que no gobernaban; y los aprovechados que en cualquier época van a prosperar a costa de los que siempre pagan las facturas. En el ámbito exterior, será Inglaterra quien aparece en todas las salsas como nuestro enemigo principal. Pero la tesis principal que planea por toda la obra es que somos un país cainita, donde la envidia, el rencor hacia el que destaca y la delación impune, nos ha dejado tantos costurones como guerras civiles hemos padecido, que AP-R percibe hasta en las tribus pre-romanas, y a las que parece que le hemos cogido tanto gusto que no tenemos remedio. Y eso queda bien claro desde el original prólogo, que consiste en unas cuantas citas de diversos autores desde la Antigüedad hasta nuestros días, donde se confirman sus presupuestos de base.

Pone especial empeño en desmitificar determinados fenómenos que la historiografía que uno u otro bando han reducido a exageraciones intolerables, como el caso de la Reconquista, la Leyenda Negra, los nacionalismos o la Guerra Civil. Revitaliza a personajes por lo común vilipendiados (caso del Conde-Duque de Olivares, Manuel Godoy, o el mismo Franco, de quien dice, no sin razón, que sus 40 años de mandato no se pueden explicar sólo aludiendo a la suerte o a la cobardía de un pueblo; lo cual no implica que lo defienda, claro). Asimismo, pone en su lugar a algunos que han sido encumbrados hasta la exageración (caso de Don Pelayo o al Cid Campeador, o el mismo Felipe II). Exagera adrede con sus calificativos, como cuando pone al emperador Carlos como el mejor rey que pisó tierra hispana o le concede a la Ilustración más peso del que en realidad tuvo. Y ridiculiza muy habitualmente -a menudo, con razón- a muchos de los personajes que nos han gobernado con tanta estupidez como crueldad a lo largo de los siglos (la palma se la llevan siempre el felón de Fernando VII y la promiscua de su hija Isabel II, a quienes dedica gruesos calificativos de taberna). Y deja para el final el mayor panegírico del libro, cuando califica el esfuerzo de diálogo y encuentro realizado en la Transición, como «la mayor hazaña ciudadana y patriótica llevada a cabo por los españoles en su larga, violenta y triste historia».

Por último, mi opinión personal tras la tercera lectura que he realizado de ella (primero, en los periódicos, cuyo episodio mensual no me perdía; luego en una versión electrónica, y ahora por fin ya en libro de tapa dura). Está claro que no es una obra para cualquiera, empezando porque su lenguaje no es tolerado por muchos. De hecho, hasta a mí a veces me molesta el abuso de los insultos gruesos. Pero es divertidísima, muy amena, y te deja un resumen muy apañado de lo sucedido en esta piel de toro a lo largo de poco más de tres mil años. Yo la regalo mucho. Con eso queda todo dicho. Aunque no a cualquiera, por supuesto.

Arturo Pérez-Reverte: Una historia de España Madrid. Alfaguara. 2019

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