Un día redondo puede comenzar tras haber dormido dos horas más de lo que la cotidianidad marca durante la semana. Ha de ser al lado de quien más se quiere, y alear el progresivo despertar con unos cuantos mimos, unas cuantas palabras y unas cuantas risas, que pongan el cerebro en la disposición adecuada para arrancar la jornada. A continuación,…
Sólo justifico un día con palabras. Si las profiero, me encuentro feliz. Si las leo, puedo asegurar que durante un lapso de tiempo mis pesadumbres habrán desaparecido. Si las escribo, me habré olvidado de todo y de todos, acaso también de mí. Si, como hoy, aúno los tres placeres, el día no sólo está justificado, sino que adopta con facilidad…
1. La risa de un niño en un parque, producida por cualquier situación, por cualquier persona, en cualquier momento 2. Hallar una escultura cuya calidad no sólo me guste, sino que me atrape la mirada de tal forma que no pueda sapararme de ella, recorrerla a su alrededor, buscar sus huecos, sus posibilidades estéticas diversas. Y fotografiarla durante largo rato.…
No hace falta más. Una temperatura cálida. Un cuerpo abierto al sol. El mar, delante, ofreciendo su monótona movilidad a quien quiera contemplarlo. La sed, requiriendo algo que beber. El cerebro, anhelando algo de dulce. La sensación de que todo lo malo queda detrás, nunca delante. Que sólo el oleaje comprende los vaivenes de una existencia desafortunada. La caricia de…
