ÍNCIPITS DESAPROVECHADOS (5)

Los Íncipits son, en el plano literario, los comienzos de relatos, cuentos, novelas. Muchas veces, una narración surge del propio comienzo, aunque parezca un juego de palabras. Quiero decir que en ocasiones todo un relato se continúa porque se ha encontrado un inicio prometedor. Muchas otras (son abrumadora mayoría), se dispone del inicio, pero no se sabe o no se quiere continuar. Los que siguen son ejemplos de este segundo tipo. Pretendieron ser algo, y se quedaron en eso: en proyectos sin desarrollar, en potencias sin acto, en relatos que no lograron continuidad. Dejan, eso sí, amplio espacio a cualquiera para imaginar cómo seguirían. Y animo a quien esto lea, a que pruebe y concluya lo que yo sólo pude comenzar. Tiene todo mi permiso para hacerlo, y este escrito se puede mostrar como justificante de ello.

  1. Yo querría venderte algunas ideas, pero tengo miedo de que alguna de ellas la vuelvas contra mí
  2. Viajas, viajas y ¿a dónde crees que vas? Siempre has de regresar, y no siempre mejor de como partiste. ¡Qué pérdida de tiempo!
  3. “Preferiría no hacerlo”, dijo el soldado del pelotón. No estaba en la lista, pero acabó en ella. Fue el último del día en caer. El comandante no había leído a Melville
  4. Sigue lloviendo. ¡Qué maravilla! Así no me van a obligar a ir a caminar. Así podré terminar este novelón ruso tan fascinante. Y un tecito a la bergamota, con un poco de leche, y la calefacción a medio gas…
  5. Lo que me importa es saber si es verdad que tu hija y tu mujer te echaron de casa. No me acaba de cuadrar lo que me dices. No puedo creer todo lo que me acabas de contar. Perdona, pero hay demasiadas lagunas y contradicciones en ese relato
  6. La muerte, bien se sabe, es vieja historia. Lo único seguro. El único final. Pero siempre hay gente que se rebela contra esa idea, como tú. No es mi caso. Pero primero te irás tú. A ver si encuentras el modo de convencerme sobre lo que encuentres
  7. Aquel artista judío, que se pasó escondido durante la guerra, con un miedo atroz a acabar en una cámara de gas, sobrevivió a la rendición de Berlín. Años después, se suicidaría. Eligió una muerte solidaria, acaso por remordimientos. En la cocina, bien sellada, abrió por completo la llave del gas
  8. Harto de estar harto de las reprimendas, optó por la vía más rápida, sin intermediarios. Fue un bombazo. Los noticieros lo mantuvieron en prime time ¡cinco días! Y a los programas amarillos del despelleje les dio para casi un año. Nunca pudo prever tal estrellato. Por eso afirma que de haberlo sabido antes…
  9. Me voy ya, no te apures. No volveré a darte clase. Una pena. Tus padres no se merecen esto. Pero tal vez sí, si han consentido que te comportes de un modo tan grosero, impunemente, sin consecuencias. Bien pensado, sí que se lo merecen. Y tú tampoco mereces todo lo que podría haberte enseñado. Ojalá te dure mucho esa risa que ahora te provoco
  10. No me vengas con más bobadas. Te comes las lentejas, y no hay más que hablar. No, no te voy a explicar por qué. Ya te lo he dicho más veces. Pero no quieres razones. Sólo  tiempo extra, exasperarme, sacarme de mis casillas. Porque sólo sientes. No piensas con claridad. Así que, de momento, quien te cuida soy yo, y quien piensa que es lo mejor para que crezcas sano y fuerte. Y punto. Y si no las comes ahora, a la merienda no habrá otra cosa. Y así sucesivamente. ¿Lo pillas?

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