La chiquilla no había dejado de berrear en toda la tarde. Sus padres lo habían intentado de todos modos, con regalos, con chucherías, con promesas, con amenazas, con algún azote (reprimido severamente por las miradas de algunos mirones cercanos). Nada. La cría no callaba, porque ¡quería volar!, y nadie le hacía suficiente caso. Por fortuna, se me ocurrió la solución.…
No sé por qué pasa de mí, por qué no me ve, si no paro de hacerle regalos (…sí, sí, tú vende, coño, que esa empresa está por bajar…), como por ejemplo en la fiesta de Andrea, el otro sábado, no paré de endulzarle la oreja (…que ya te dije que me lo notificó el contacto que tengo en Bruselas…),…
Paciencia, Fermín, paciencia. Piensa que la vida es una sucesión de trágalas y que a ella se viene a sufrir y a sufrir, que no en vano le llaman el valle de lágrimas. No debes tomarlo todo por la tremenda. Piensa que las cosas a veces se juntan de una manera que nadie controla, y que por algo se dice…
—Que sí, tío, que vamos detrás de Gaspar—¿Otra vez? Joé, como el año pasado—Noooo. Como hace dos—Es igual, ¿qué más da?—Bueno, en realidad…—Tú, calla, que con el peta ése ya tienes bastante—Bueno, vale…—El caso es que este año es la última vez, lo juro—Anda, no digas bobadas, qué va a ser la última vez, si tu madre es concejala—Mira que…—Y…
Las posibilidades son varias. A) “Qué solessito máh rico que hassse. Y tóa esta hente entrando, y ensussiando, y totar, pa’qué limpiá, si pa’lo que me pagan, y se va a enmierdá otra vess. Aquí me quéo, con este caliqueño, mientras la mañana pasa.” B) “Pero qu’hijos de puta, que no hace ni dos minutos que he barrido ahí mismo,…

