ÍNCIPITS DESAPROVECHADOS (8)

Los Íncipits son, en el plano literario, los comienzos de relatos, cuentos, novelas. Muchas veces, una narración surge del propio comienzo, aunque parezca un juego de palabras. Quiero decir que en ocasiones todo un relato se continúa porque se ha encontrado un inicio prometedor. Muchas otras (son abrumadora mayoría), se dispone del inicio, pero no se sabe o no se quiere continuar. Los que siguen son ejemplos de este segundo tipo. Pretendieron ser algo, y se quedaron en eso: en proyectos sin desarrollar, en potencias sin acto, en relatos que no lograron continuidad. Dejan, eso sí, amplio espacio a cualquiera para imaginar cómo seguirían. Y animo a quien esto lea, a que pruebe y concluya lo que yo sólo pude comenzar. Tiene todo mi permiso para hacerlo, y este escrito se puede mostrar como justificante de ello.

    1. Mira, ya sé que no tengo razón. Pero me encanta ver la expresión que se te pone en la cara cuando no consigues hacerme razonar. Y ése es un reclamo muy difícil de igualar
    2. Nada más llegar a mis treinta años, planté mi primer libro, engendré mi primer árbol y escribí mi primer hijo. En ese orden y poseído de una determinación como no había sentido en la vida
    3. No quiero realizar la entrevista, señorita, no se obstine. Tengo una bien ganada fama de persona intratable, y no la va a malbaratar usted porque venga casi desnuda y lanzándome lisonjas para ablandarme, o tentarme, que no sé qué sería peor
    4. Llegué, vi y me expulsaron. Entre el inicio y el final, sólo mediaron dos días. Desolado por no haber logrado rebajar mi mejor marca, me informé sobre el próximo colegio donde poner a prueba la paciencia finita de los adultos. Ahora todo está en internet
    5. Cuando yo era chico, una vecina me increpaba siempre que pasaba por delante de su puerta. En mi adolescencia, sin yo saber cómo, me enamoré de ella, lo que la exasperó aún más. Tardamos diez años en casarnos. Pero todavía hoy me insulta con gran determinación
    6. Deje que le cuente el argumento. Trata de una monja, un revolucionario, un niño, una mina abandonada, un cacique local, una boda amañada, una venganza bien urdida, un final apoteósico. Con mucha digresión por el medio, eso sí, pero que yo le ahorraré, no se apure, querida
    7. Una vez convoqué al demonio, siguiendo un antiguo ritual. Debí equivocarme de códice, porque quien se presentó fue una bruja jovencísima, bellísima, lujuriosísima, que en un principio me hizo desear huir de inmediato, pero que, luego, me dije, ¿por qué no? Y lo cierto es que fue que sí
    8. Cuando, terminado el cuento, se dispusieron a vivir felices y a comer perdices, resulta que todo, absolutamente todo, comenzó a ir mal. Y, claro, así no hubo manera de concluir el relato, y siguieron una trama que desconocían por completo, y no fueron ni felices ni comieron lo que tanto habían soñado
    9. Entre los individuos que formaban mi compañía, había un descerebrado de tal nivel que todos le auguraron un gran futuro en el cuerpo, lo que el tipo se obsesionó en lograr con tal ahínco, que en menos de siete años llegó a comandante del cuartel. Más de uno de aquellos profeta probamos en propia carne su concepción de la inteligencia
    10. El caso fue que me entré a la iglesia para tomar un poco de fresco, y me encontré una escena impensable. Un sacerdote, arrodillado ante la parte frontal de un confesonario, hablaba contrito de sus pecados. Cuando llegué a su altura, me quedé atónito viendo a una señora muy encopetada, en actitud reflexiva, con la cabeza apoyada en dos dedos de su mano derecha, escuchando al penitente

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