PALABRERÍO CANALLA (96)

ORATORIA: Arte de decir por la boquita todo aquello que se quiere decir o se desea que se sepa o se crea, del modo más apropiado y ajustado posible, para que no quede duda ninguna de que el engaño será aceptado. Su utilidad se ha probado en múltiples escenarios y circunstancias, desde lances seductores a las facetas políticas, pasando por una asamblea vecinal o una reclamación a Hacienda. Requiere ciertas dotes naturales y mucha práctica, pero una vez que se le coge el tranquillo es una herramienta de la que no se puede prescindir, es como una droga que nos lo permite todo, o casi.
ORDALÍA: También llamado “Juicio de Dios”, constaba de una prueba absolutamente imposible de superar que debía intentar el acusado/a de algo. Si la superaba (y ya se ha dicho que era imposible), quedaba absuelto; y si no la superaba (que era siempre), entonces resultaba que era declarado culpable, con un gran ahorro en ejecuciones, pues la prueba solía implicar la muerte horrible del aspirante al intento. Toda una pasada, vamos. Y es que la Iglesia estaba de por medio. Así que no hay nada más de que hablar.
ORDEN/DESORDEN: Pareja de conceptos de contraposición sólo teórica, pues lo subjetivo de sus definiciones motiva que no se sepa bien qué es uno u otro, con quién ni cuándo.
ORDENADOR/TRIZ: Aparato de sexo elegido por su usuario, que se caracteriza por realizar algunas actividades concretas de forma similar a los humanos, sólo que con una rapidez y precisión infinitas, si bien ofrece la misma capacidad de raciocinio y de diálogo, esto es, casi nula.
ORGASMO: Abanico de sensaciones físicas inefables y muy placenteras que se producen en la culminación óptima de la relación sexual; suele tener repercusiones psíquicas positivas si se experimentan adecuada y regularmente. Como todo lo gozoso, dura poco, aunque casi mejor, porque si durase mucho, el ser humano sería un vegetal sonriente nada creativo ni interesante; y si durase mucho, no se lo valoraría como hoy —de manera un tanto excesiva— se hace con él. No debe confundirse con eyaculación, en los hombres.
ORGÍA: Deseo subconsciente de todo macho humano que se precie, lo confiese o no. Se trata de una aplicación del comunismo colectivista al mundo que menos admite la colectividad y la abundancia de presentes, o sea, el sexo, por lo que resulta un fracaso desde todos los puntos de vista, menos uno; a ver si adivina cuál.
ORGULLO: Elevada autoestima que mueve a pensar que son los demás quienes deben ceder en todas aquellas situaciones en que surge un conflicto. El orgullo siempre ha acrecentado los conflictos: cuando está justificado, porque los demás no toleran superioridades; cuando no, porque los demás no toleran prepotencias que se asienten en una debilidad notoria u ostensible.
ORIGINALIDAD: Aspiración utópica e intensa de que participan la mayoría de los mediocres con ínfulas creadoras; tanto más intensa, cuanto mayor mediocridad.
ORO: Metal amarillo blandito y manejable que, dada su escasez y brillo, ha alcanzado siempre gran estima entre los animales humanos, los cuales no han tenido problema alguno en matarse regular y habitualmente por lograr su posesión. Sirve para ser intercambiado por otros bienes necesarios o superfluos, o bien en los casos más extremos, simplemente para admirar su estética y regodearse con la contemplación de su conjunto.
ORQUESTA (CLÁSICA): Conjunto de individuos altamente cualificados, cada uno en un instrumento musical, que soportan a duras penas tener que seguir las gesticulaciones más o menos rítmicas, más o menos histriónicas de un señor sin instrumento que, encima, se lleva la mayoría de los aplausos tras la ejecución del concierto o de la pieza correspondiente.
ORTOGRAFÍA: Conjunto de arbitrariedades codificadas y encorsetadas, que ha venido atendiendo siempre más a discutibles causas de matiz histórico-etimológico que a las de una utilidad que procurase adecuar lo escrito con lo fonético.
OTRO: El que es menos, más feo, menos culto, más limitado, menos capaz, más taimado, menos creativo, etcétera; o el más guapo, más culto, más inabarcable, más hábil, más astuto, más artista, etcétera; dependiendo, claro, de nuestra autoestima; pero, en cualquier caso, no somos nosotros

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