Hace años, yo adoraba al Perich. Se trataba de un dibujante barcelonés, cuyas viñetas tenían la rara cualidad de decir (como los grandes) mucho con pocos rasgos, pocas palabras, poca cantidad. En clases de Ética y de Tutoría he trabajado muchísimo su obra. Una tarde de febrero, cuando volvía desde Asturias a León, en uno de mis habituales viajes para…

