Rilke me toma del brazo y me traspasa una inexplicable perturbación. Debajo, el abismo tras unas letras. Y el paisaje incompleto de un viaje hacia lo inalcanzado. Apenas nada más. Sólo sueño, y la memoria de su ejemplo, con paso seguro, fortalecido desde la duda y el peregrinaje eterno, digno. Sólo sueño y la memoria de la lectura, escribiendo ensimismado,…
