Hay que celebrar las efemérides. Sean las que sean. Las extraordinarias, las épicas o las gigantescas, por descontado. Pero también las modestas, como es la que traigo hoy a colación, que sólo interesa en realidad a mi persona, pero que publico por si a alguien pudiera hacerle gracia lo que aquí se cuente. Hay que celebrar las efemérides modestas, insisto,…

