LAS PREGUNTAS DE GREGORY STOCK (55)

Pregunta 246 (v. pregunta 118)
¿Cree que sus amigos estarían de acuerdo entre sí con respecto a la clase de persona que es usted? ¿Con cuánta energía se dedica a hacer cosas para impresionar favorablemente a los demás? Si a usted no le importara en absoluto la opinión ajena, ¿qué clase de cosas podría hacer? ¿Qué siente cuando la gente le tiene simpatía porque cree que usted es algo que en verdad no es?
Pues es más que probable que si se les pasara una encuesta sobre mis características más sobresalientes (positivas y negativa), acertaran en gran medida con la mayoría de ellas, y que el conjunto de sus respuestas trazase un panorama bastante completito de mí mismo, con las lógicas carencias que nadie podría saber ni deducir, aunque sí, en cambio, intuir. Esto sería posible porque soy alguien cuyas cualidades esenciales quedan bien a las claras enseguida, no me preocupo demasiado en fingir, soy bastante transparente para la mayoría de ellas. Es efecto de una idea muy económica de la vida. Pienso que la energía que se gasta en aparentar es muy cara para los réditos que produce, máxime si se tiene en cuenta que es preciso luego estar pendiente de mantener dicha posición en momentos que acaso no apetezca. Sin embargo, siendo natural y comportándose como uno piensa y siente, tal vez surjan más rechazos de entrada, pero quien aguanta el “tirón” sabrá a qué atenerse con mi persona, aceptarme o rechazarme. De tal modo, la mayoría sabe de mis gustos, de mis manías, de mis aficiones, de mis preferencias, de mis necesidades, de mis vicios, de mis intransigencias, de mis sensibilidades, de mis alegrías, de mis obsesiones, de mis conductas en cada situación. Y eso, teniéndose en cuenta que cada amigo/a sólo es aceptado/a a mi lado por una serie concreta de atributos, gustos o parcialidades, que para nada son universales, sino muy localizadas y que satisfacen mis atributos, gustos y parcialidades en la medida en que yo requiera.
Como decía antes, la cantidad de esfuerzo o energía que se puede gastar en impresionar favorablemente a los demás es siempre superior a los beneficios que procura, y aun reconociendo que todos tenemos comportamientos encuadrables en esa faceta, puedo afirmar que no le dedico más que lo mínimo imprescindible para sentirme bien yo mismo, no para que se sientan bien los demás. No obstante, en mi demérito cabría apuntar que mi faceta social, últimamente más abultada que antaño, sí que requiere que yo deba ofrecer una imagen más risueña, más accesible de entrada, más colaboracionista, tolerante y eso podría dar la impresión de que hago un esfuerzo suplementario, pero no es precisamente así, sino que lo que ocurre a medida que pasan los años y mi proceso de cambio fluctúa, es que cada vez me encuentro más a gusto en tal faceta, por lo que el esfuerzo que debo administrar para dicho menester es menor… con mayor beneficio social.
Acerca del tipo de cosas que podría hacer si no me importara en absoluto la opinión ajena, debo decir que más que dicha opinión, lo que podría preocuparme son las consecuencias legales o sociales que de ello se derivasen, no el hecho en sí de que se conocieran facetas mías escondidas más o menos, que siempre me han traído un tanto al fresco. Por ejemplo, si soltara por mi boquita lo que se me viniera a la cabeza sin filtro, o si me diera por tener una actitud más agresiva o grosera con determinadas personas que detesto, o si me atreviera a ejercitarme en actitudes que habitualmente se reprimen (que reprimo yo, al menos), desde hacer fotos a determinadas personas con menor inhibición y cautela de la que hoy adopto tras mi teleobjetivo, a intentar eventualidades sexuales sin trascendencia con algunas de mis amigas, si no con todas, etc. Pero si así actuare me convertiría en un ser amoral, o incluso inmoral, y sería apartado del confortable limbo social donde me hallo. Eso, si no acabara condenado por algún delito. Por lo que tal situación no se dará, claro.
Cuando la gente me admira por lo que no soy, no me hace sentir internamente mejor, o al menos eso querría creer. Pero sí intento aprovecharme de esa actitud en la medida que puedo. Aunque debo apuntar que en la mayoría de las ocasiones las admiraciones que produzco tienen fundamentadas razones, por la sinceridad y la coherencia que apuntaba antes. Por eso son tan pocas, obviamente, las injustificadas. Lo cual significa dos cosas: o bien que tengo muy pocas, o bien que tengo muchas, pero a la gente le fastidia una enormidad que confluyan en mí y me halle tan bien pertrechado, por lo que me hacen un vacío consistente en la falta de reconocimiento de las mismas, sin que por ello —creo— se vean afectados sus sentimientos de afecto personal hacia mí.
Pd/ Los textos que responden a las cuestiones formuladas en El libro de las preguntas de Gregory Stock, fueron elaborados entre 1998 y 1999. Si deseas ver el resto de las entradas de esta serie, pincha aquí

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