Leo, leo. Docenas de entrevistas pasan ante mis ojos y revueltos por mis dedos, años después de haber sido seleccionadas y guardadas. Es uno de mis modos de suplir mi “carencia de interlocutores válidos”, tantas veces aludida. Sin embargo, si no supiera que ese tipo de actividad podrá —podrá— tener alguna concreción material, algún objeto a un plazo más o…
