La inmensa algarabía de los bosques habla en silencio, empapando de humedad los pensamientos y abrazando de paz la soledad que ansiamos. El verde lo inunda todo, y sobrepuja los ocres, envolviéndolos, anulándolos incluso. No se oye nada salvo la respiración propia, los latidos excitados por la inusual quietud. Es el aislamiento perfecto que tanto ansiamos. Deberíamos explicarnos por qué…

