Hartas y agotadas, las estatuas respiran cuando el último de los funcionarios sale del museo. Es entonces cuando los personajes saltan de los cuadros, transitan por los pasillos, se refrescan en los lavabos. Las esculturas llevan la iniciativa, no obstante. Resulta indignante, afirman. Claman en alto. Su poderío las identifica, y los demás atienden sus palabras, que suenan al unísono.…
