Hace años, yo no era un asiduo de los rastros, mercadillos y otras vainas semejantes. Nunca me disgustaron ni los criticaba (con una madre adicta a ellos, no podría), pero no era mi mundo, la verdad, con la excepción de los puestos de los libros viejos o de segunda mano. Pero desde que mi santa incurrió en el mundo de…

