Después de tantos sacrificios, tantos besos, tantas súplicas, tantos intentos por reconducir la situación, terminé enterándome de que, en efecto, como me anticiparon, ella tenía un amante. Casi enloquecí y tardé un día entero en reaccionar. Aun así, logré reponerme. La curiosidad me abrumaba. Debía saber quién era, por qué él y no otro, qué intenciones albergaba con ella. Un…
