Las cruces de la Costa da Morte nos recuerdan que somos sólo eso: jirones de espuma que se mueven al compás de un reloj a quien nadie da cuerda, y que a veces se detiene para siempre. Cuando viajo, no lo hago nunca para descansar. De hecho, vuelvo siempre al borde del agotamiento, aunque la mayoría de las veces feliz.…

